Sueño, fatiga y long COVID
El COVID-19 no solo puede dejar secuelas en los pulmones, el corazón y otros órganos del cuerpo, sino también a nivel mental y emocional, afectando los hábitos del sueño y generando síntomas de fatiga crónica.
El COVID-19 no solo puede dejar secuelas en los pulmones, el corazón y otros órganos del cuerpo, sino también a nivel mental y emocional, afectando los hábitos del sueño y generando síntomas de fatiga crónica.
La mayoría de los niños que se enferman por COVID-19 tienen síntomas leves o incluso no presentan síntomas.
Sin embargo, al igual que los pacientes adultos, si el pequeño tiene alguna condición médica como obesidad, diabetes, asma, enfermedades cardiacas congénitas o del sistema nervioso, hacen más probable que se enferme de gravedad.
Por otro lado, también sucede que algunos niños presentan síntomas más de un mes de haberse infectado por el virus que causa la enfermedad de COVID-19.
El long COVID es un síndrome que se manifiesta en personas que padecieron COVID-19, después de la recuperación de los síntomas iniciales de la enfermedad.
Los síntomas de este síndrome son variados y afectan múltiples sistemas del organismo, como el respiratorio, cardíaco y nervioso.
Las personas que se enferman de COVID-19 generalmente se recuperan por completo tras un par de semanas. Sin embargo, algunas personas pueden seguir mostrando síntomas incluso meses después de la recuperación inicial.
El long COVID o COVID persistente se refiere a una serie de síntomas físicos, mentales y emocionales que surgen después de haber padecido la enfermedad por COVID-19.
Sin duda, el sistema pulmonar es el más afectado por la infección del virus SARS CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19, por lo que, si tuviste COVID, es probable que la función de tus pulmones se vea perjudicada y es esencial recuperar su salud mediante terapia.
Las manifestaciones clínicas desarrolladas por COVID-19 suelen ser respiratorias, como neumonía. Sin embargo, expertos de la salud han observado que, debido a la respuesta inflamatoria del cuerpo ante el virus, se llegan a afectar otros órganos. Entre ellos, el corazón.
Desde que inició la pandemia mucho se ha hablado acerca de la importancia de permanecer en casa, evitar salir a menos que sea realmente necesario, evitar acudir a reuniones y lugares aglomerados, y trabajar desde el hogar, siempre y cuando tu situación laboral te lo permita. Esto con el objetivo de prevenir más contagios y librar la saturación de los centros de salud. Sin embargo, la realidad es otra.
A dos años del primer caso registrado de la enfermedad por COVID-19 en China, parece que estamos cada vez más cerca del final de la pandemia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 2022 tiene todo para ser el año en el que termine la pandemia de COVID-19.